La poesía como arte de orfebrería

La obra de Mario García García nos invita a detenernos, a escuchar el ritmo secreto de las palabras y a descubrir la belleza que habita en cada verso. Su poesía trabaja el lenguaje con la precisión de un orfebre: pule, modela y transforma la palabra hasta convertirla en emoción, pensamiento y música.

En Polvo de orfebre, el lector entra en un universo literario donde poesía y prosa dialogan, donde la escritura reflexiona sobre sí misma y donde cada texto se convierte en una experiencia íntima y profunda.

Una obra para quienes aman la literatura que explora, arriesga y emociona.

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Manuel Jábega

Los estímulos surgen del entorno físico o del emocional, externos o internos. Cualquier tema o cualquier emoción puede generarme la inquietud por intentar abordarlo desde la poética.

En principio, resulta algo así como una pequeña rendija, luego se abre y permite una visión mas amplia.
Lo consciente y lo intuitivo no se excluyen necesariamente, incluso pueden
fusionarse, a mi parecer, en un equilibrio algo mágico.

¿Cuál es tu proceso de escritura para un poema? ¿Escribes de manera espontánea o revisas y editas mucho?

No se da la unicidad respecto a lo estructural; a veces, hay una previa intencionalidad, y otras se deja fluir a las estrofas con una cierta aleatoriedad.
Lo espontáneo deviene inicial, pero luego se desarrolla, se le da forma, se amasa, se trabaja; soy bastante revisionista.

¿Qué papel juega la revisión y edición en tu proceso de escritura?

Conservo la manía de ser exigente conmigo mismo, lo considero fundamental para lograr como resultado una obra, no un simple poemario.

¿Cómo eliges las imágenes y símbolos que utilizas en tus poemas? ¿Tienen algún significado particular?

No me atrevería a generalizar: las imágenes y el simbolismo quizás no sean algo siempre premeditado; surgen casi por si mismos, como mecanismos dotados de cierta autonomía, algo ajeno al total control del autor.
El significado lo tienen cuando se produce la intención consciente, pero llegan a diversificarse en otros casos.

¿Hay algún símbolo o imagen recurrente en tu obra que tenga un significado especial?

Rotundamente, los hay.

¿Cómo reflejas tus emociones y experiencias personales en tus poemas?
¿Es un proceso terapéutico para ti?

De manera honesta, intentando no engañar ni engañarme.
Sin duda, la expresión de lo emocional y la reflexión sobre las vivencias libera la carga y la presión emotiva, aporta equilibrio y paz interior, te eleva.

¿Cómo manejas la vulnerabilidad y la intimidad en tus poemas?

Con humildad, sabiéndome limitado y aceptando mi condición humana, mi componente de negatividad e incluso de contradicción.

¿Quiénes son tus poetas favoritos? ¿Cómo te han influido en tu propia escritura?

No tengo favoritismos por unos u otros autores, me quedo con sus aportaciones, con su arte poético; la poesía está por encima de cualquier firma.
De alguna manera, la escritura propia porta una carga de nociones e influencias heredadas, se ha forjado en la fragua de los ancestros y su legado.

¿Qué tipo de lector te gustaría atraer con tu poesía? ¿Qué crees que pueden esperar de tus poemas?

Un lector no restringido a la mera textualidad, a «lo dicho»; un lector abierto a lo estructural, a «como se dice lo dicho».
De mis poemas pueden esperar una invitación al ejercicio introspectivo; el ser humano comparte, pese a la diversidad y a las particularidades, algo en común, la capacidad de sentir.

¿Qué crees que la poesía puede decir sobre la condición humana? ¿Qué temas o emociones son universales?

Las diferentes disciplinas se ocupan de temáticas específicas, la «objetividad» es su campo. La poesía, entre otras, transciende esa supuesta «objetividad», se despliega y busca mas allá de lo racional, en los recovecos del interior de las personas, hurga en ellos, pretende desnudarlos.
Las temáticas y lo emocional en la poética reflejan la aprehensión, en la acepción filosófica del término, humana; lo subjetivo nos separa, pero también nos une; quizás el sentir nos hermana, nos hace aspectos parciales de una misma totalidad.

¿Cómo ves el futuro de la poesía; qué cambios o tendencias crees que veremos en el género?

La poesía no necesita un futuro, deviene eterna; mientras el principio del vitalismo se mantenga, habrá poesía; en este mundo o en cualquier otro posible.
La historia humana rebosa de tendencias, de experimentos, de movimientos, de postulados, de propuestas, de doctrinas, de cambios, todos ellos pasajeros y contingentes. Las formas expresivas en la poética fueron, son y serán variables, temporales, modas; pero «la esencia» permanece. lo intrínseco se queda. La Poesía, como otras disciplinas resultan por Si Mismas.

Rubén Jiménez Triguero

No creo que haya nada en especial que me inspire a escribir poesía. Trato de mirar el
mundo de forma diferente, más allá del contexto actual y de lo que aprendemos de
pequeños. Hay algo extraordinario en la maleabilidad de la materia y especialmente en la
vida. De por sí, contiene un enorme misterio que resulta fascinante a la vez que
abrumador. Parto de esto pero vivo una vida normal, cargada de tareas y actividades
cotidianas que me dejan poco tiempo libre. Hay un contraste enorme entre esa realidad
externa que nos muestra lo extraordinario e improbable que es la vida y esa realidad que
percibimos al haber nacido y al convivir en la civilización occidental. Trato de trabajar eso,
encontrar lo extraordinario en lo cotidiano. A veces aparece como una imagen, una idea,
un pensamiento, una vivencia, algo que podemos llamar inspiración, y que me parece lo
suficientemente interesante como para explorarlo.

A veces he escrito poesía desde lo consciente. He elaborado poemas para un fin
concreto. Esto lo he hecho en contadas ocasiones, como por ejemplo para los recitales
que todos los años realizamos con motivo del Día de los Derechos Humanos. Pero no es
una forma de escribir con la que me sienta cómodo. Me gusta que salga del inconsciente,
que algo me inspire a escribir ese primer borrador del poema. Eso no quita que luego, ya
de forma más consciente, lo trabaje, lo desarrolle y lo encamine.

¿Cuál es tu proceso de escritura para un poema? ¿Escribes de manera espontánea o revisas y editas mucho?

Siempre voy con un cuaderno encima donde escribo ideas, pensamientos y reflexiones
que me van surgiendo cuando estoy en la calle o en algún viaje. En general, me gusta
escribir fuera de mi contexto habitual, fuera de mi hogar, lejos de mi ordenador (aunque la
mayor parte lo hago ahí), y hacerlo en lugares totalmente ajenos a ello, como un banco en
el parque, en el tren, etc. Creo que es algo que nutre. Pero eso es un primer paso, esa
idea, tiempo después, la exploro y profundizo, porque una vez que está escrito, lo rescato
si me parece que tiene fuerza y, entonces, lo desarrollo y lo trabajo. En la mayoría de los
casos, lo reviso bastante antes de darlo por finalizado.

¿Qué papel juega la revisión y edición en tu proceso de escritura?

Pienso que la revisión es fundamental en toda creación. De ese modo se logra refinar el
trabajo, de aportarle un acabado. Es algo crucial, pero eso sí, siempre hay que tratarlo
con cuidado porque este trabajo puede terminar deteriorando el valor artístico intrínseco
de la pieza, incluso llegar a destruirlo. Aplicarlo siempre desde el respeto al origen de la
obra, enriquecerlo sin hacerlo demasiado intelectual, demasiado artificioso.

¿Cómo eliges las imágenes y símbolos que utilizas en tus poemas? ¿Tienen algún significado particular?

Pues depende del contexto, pero principalmente me surgen de forma espontánea como
analogías de del mensaje que quiero transmitir. La naturaleza es una fuente inagotable en
este aspecto.

¿Hay algún símbolo o imagen recurrente en tu obra que tenga un significado especial?

Creo que la más importante que he manejado es la imagen de la Gran Ciudad. Esta es un
arquetipo de toda gran urbe, que parte de que si eliminamos los edificios característicos
de un lugar, los monumentos, la cultura y el idioma, todas las grandes ciudades se
parecen. Todo eso que quitamos, en realidad, salvo excepciones, son herencia de otras
épocas. Lo que quiero decir que es que en la actualidad habitamos un mundo que es
similar, sin importar la localización: en todas las ciudades hay grandes avenidas repletas
de grandes edificios que, en sus plantas bajas albergan las mismas tiendas de marcas
reconocidas, etc. Esta imagen la he utilizado como escenario en varios libros, tanto de
relatos como en los poemas. En «Incierta belleza del viento» aparece, por ejemplo, en el
poema: «En mitad de lo furtivo».

¿Cómo reflejas tus emociones y experiencias personales en tus poemas?
¿Es un proceso terapéutico para ti?

En otra época, al principio de escribir poesía, me dejaba llevar mucho por las emociones y
surgían muchos poemas y textos sobre el malestar porque parece que cuando uno se
siente tranquilo y sosegado está menos inspirado o menos motivado para ponerse a
escribir (y tiene todo el sentido, porque como cualquier otra actividad artística, escribir te
aleja de ese contexto). Con el tiempo fui escribiendo desde el exterior de la emoción, es
decir, puedo escribir sobre algo que me trastoca para bien o para mal, pero ya desde la
lejanía.
En este aspecto, por ejemplo, podría señalar el poema «Hay un piano que suena en mitad
de alguna parte», que me inspiró una situación vivida en un aeropuerto de Bruselas. Los
aeropuertos son lugares de tránsito, deshumanizados, en los que deseamos pasar el
menor tiempo posible porque eso indica que todo ha ido bien. Un aeropuerto sería el
último lugar donde una persona va a buscar belleza. Entonces, en ese aeropuerto, a
alguien se le ocurrió poner un piano. Y en un lugar de transito, donde hay muchas horas
muertas y mucha gente que va y que viene, siempre va a haber manos inquietas por tocar
un poco. Y aquel piano no dejó de sonar durante las horas que estuvimos allí esperando.
Me senté en uno de esos incómodos asientos metálicos, cerca del piano, rodeado de
gente y maletas que iban y venían, y escuché piezas clásicas de Chopin o Beethoven, y
actuales de Ludovico Einaudi o Yan Tiersen. Había de todo, expertos y gente que hacía lo
que buenamente podían. Aquella experiencia, me maravilló y me inspiró el poema.
Me gusta explorar este tipo de experiencias personales tanto en los poemas como en
cualquier otro tipo de texto. A medida que pasan los años, veo como la vida se sucede
con cierta narratividad, y hay que observar las experiencias de aquello que nos ocurre,
porque así somos conscientes de los cambios propios, de cómo también nosotros somos
un movimiento constante.
Escribir es un proceso terapéutico para mí. No solo poesía, sino la escritura en general.
De hecho, la mayor parte de lo que escribo no tiene otra intención que la propia actividad
en sí. Me hace olvidar las incontables pequeñas miserias cotidianas con las que tenemos
que enfrentarnos cada día.

¿Cómo manejas la vulnerabilidad y la intimidad en tus poemas?

Mi profesor de teatro siempre nos dice que no seamos literales cuando vayamos a
interpretar un texto. Eso es lo que marca la diferencia, por eso la interpretación de una
misma obra, como podría ser «Hamlet», puede ser radicalmente distinta dependiendo de
la producción. He reflexionado sobre esto y pienso que es algo que puede aplicarse a
muchos aspectos de la vida. Con la vulnerabilidad y la intimidad trato de hacer eso,
mostrarla sin ser literal, desde aspectos artísticos, utilizando metáforas, símbolos e
imágenes que puedan crear esa impresión, sin llegar a exponerla literalmente.

¿Quiénes son tus poetas favoritos? ¿Cómo te han influido en tu propia escritura?

Mis poetas de referencia son Natalie Goldberg, Raymond Carver y Antonio Machado. Son
también los que más he leído y releído. Obviamente, hay otros muchos que me interesan,
me sorprenden, me alegran, me ofrecen una visión diferente… pero con ellos es con los
que más complicidad he sentido, con los que más he llegado a conectar.

En mi escritura no sé si me han influido, pero en mi propia vida, o mi forma de abordarla,
sin duda. Todo el tema de llevar un cuaderno encima, escribir esos borradores en
cualquier parte, recuperarlos tiempo después son influencias de Natalie Goldberg. Tengo
el poema «Miedo», de Raymond Carver, enmarcado en mi casa y me inspiré en este para
componer mi propia versión del miedo, desde mi estética. Esta emoción es universal, y al
leer sobre ello, es inevitable acordarnos de nuestros propios miedos, sea lo que sea lo
que despierte la emoción. Su poema «Notas sobre Poetry» me recuerda inevitablemente
a mis inicios en la escritura, que fueron radicalmente distintos a los suyos, pero que fue
así mismo: una revelación. Y no hay viaje en que no recuerde a Machado, algunos de los
poemas sobre viajes en tren y la exuberancia de los campos («En tren», «Otro viaje»…). A
él, además, dediqué un poema.
En general, yo pienso que al igual que lo que vivimos, nuestras lecturas tienen un impacto
en nuestra percepción del mundo (no todo, por eso hay que saber elegir). Crecemos con
aquellos libros que nos conmueven, e inevitablemente, si cambiamos, también cambian
nuestros temas, nuestra visión, y nuestras percepciones como artistas. Por otra parte, nos
debemos a todo lo que se ha construido anteriormente, ¿Cómo podríamos escribir poesía
sin haber leído ni un solo poema? ¿Qué tipo de poesía podría salir de eso? No
inventamos los molinos con cada generación, sino que partimos de lo que hay ya
construido y es inevitable la influencia, que no debería confundirse con el estilo, la mirada
y los temas propios (ya sean individuales o de la propia generación).

¿Qué tipo de lector te gustaría atraer con tu poesía? ¿Qué crees que pueden esperar de tus poemas?

Alguien que disfrute de la poesía, que quiera adentrarse en una mirada particular de la
sociedad que habitamos y del mundo que nos rodea.

Yo no busco adentrarme en grandes epopeyas, sino remarcar lo extraordinario que existe
en lo cotidiano o señalar aquello que, de tan rutinario, pasa desapercibido. Y creo que,
debido a esto, muchas personas pueden sentirse identificadas o conectar con los poemas
que escribo.

¿Qué crees que la poesía puede decir sobre la condición humana? ¿Qué temas o emociones son universales?

Joseph Campbell, en las conversaciones con Bill Moyers que dieron lugar al libro «El
poder del mito» (Capitán Swing, 2015) afirmaba que, en la actualidad, son los artistas
quienes transmiten los mitos. Es interesante esta perspectiva del artista como transmisor
de esas imágenes y narraciones que explican toda la condición humana y lo que la
engloba. Al final, el arte es producido por seres humanos, y las pequeñas y las grandes
cuestiones nos traspasan a todos de un modo u otro. Por tanto, la poesía, como
manifestación artística que es, habla sobre los temas trascendentales, sobre la condición
humana.

Los temas y emociones universales son aquellos que corresponden a un nivel amplio o global como el origen del Universo, el de la vida, el despertar de la consciencia… También los temas que nos afectan como sociedad: las guerras, la contaminación, la destrucción de la naturaleza… y luego, por supuesto, lo que nos corresponde como individuos: el amor, el miedo, el envejecimiento, la muerte, la rutina, las pequeñas tragedias cotidianas, etc.

¿Cómo ves el futuro de la poesía; qué cambios o tendencias crees que veremos en el género?

Yo del futuro no tengo ni idea. Como mucho sé algo del presente, y creo que siempre
llego tarde.

Serafín Martín Vidriales nació en Hinojosa de Duero, Salamanca, el 19 de septiembre de 1954. Desde muy temprano se interesó por la literatura escribiendo poemas, relatos, teatro, cuentos e incluso alguna novela corta. Participó activamente en Madrid con elementos afines a la movida madrileña editando varias de las revistas marginales de poesía que circularon esos días por la ciudad.

Sus libros: Ciudad Maldita, Poemas y relatos. Coeditado y autoeditado con Juan Solera, 1981. Vía Láctea, Poesía. 2018.  Tiempos de Cró-Nó, Poesía. 2018, Entrelíneas Editores. Ensalada triste de macarrones, 2020, Entrelíneas Editores.

Serafín Martin Vidriales

Me puede inspirar cualquier imagen o emoción que me surja sin ningún tema en particular.

Generalmente es un proceso intuitivo al que se le va dando vueltas antes de pasarlo al papel.

¿Cuál es tu proceso de escritura para un poema? ¿Escribes de manera espontánea o revisas y editas mucho?

Después de darle vueltas trato de escribir espontáneamente y después de un tiempo le hago una pequeña revisión.

¿Qué papel juega la revisión y edición en tu proceso de escritura?

La revisión va encaminada sobre todo a concretar la estructura del poema.

¿Cómo eliges las imágenes y símbolos que utilizas en tus poemas? ¿Tienen algún significado particular?

Las imágenes surgen espontáneas sin una simbología en particular.

¿Hay algún símbolo o imagen recurrente en tu obra que tenga un significado especial?

Los sueños, los recuerdos…

¿Cómo reflejas tus emociones y experiencias personales en tus poemas?
¿Es un proceso terapéutico para ti?

No es consciente pero después de escribir te das cuenta que sientes cierto alivio.

¿Cómo manejas la vulnerabilidad y la intimidad en tus poemas?

Pues eliminando o transformando aquello más íntimo que pueda herir.

¿Quiénes son tus poetas favoritos? ¿Cómo te han influido en tu propia escritura?

Poetas favoritos ha habido muchos y ninguno: Miguel Hernández, Lorca, surrealistas, poetas rusos, que procuro olvidarlos para tener la menor influencia, lo cual a mí edad no es nada difícil.

¿Qué tipo de lector te gustaría atraer con tu poesía? ¿Qué crees que pueden esperar de tus poemas?

Un lector sin prejuicios preconcebidos, que no espere un sentido racional de todo , que deje que las imágenes le conmuevan y espero precisamente eso, que se sientan conmovidos.

¿Qué crees que la poesía puede decir sobre la condición humana? ¿Qué temas o emociones son universales?

Creo que la poesía saca sobre todo los monstruos que llevamos a cuestas. Como tema, se pueden tocar todos, pero serán poemas no poesía. Me explico: un poema sobre el cocido madrileño es un poema, pero no poesía. Opto por dar salida al rencor.

¿Cómo ves el futuro de la poesía; qué cambios o tendencias crees que veremos en el género?

El futuro incierto tal como está ahora mismo. Los cambios pueden ser que veamos más la poesía en combinación con otra disciplinas artísticas como pintura, música, escenografías, etc.

Mario García García

Me inspiran la naturaleza, la música y la literatura en sentido amplio.
Intento trasladar estas tres fuentes de inspiración a lo que escribo. Por ejemplo, el arte de la música polifónica me parece muy cercano a la combinatoria de las palabras poéticas. También hay ciertos aspectos de las ciencias (humanas y técnicas) en los que también veo una hermandad con la poesía (por ejemplo la antropología filosófica de Blumenberg o últimamente el estudio de la geología y la edafología). Pero tanto la música como la literatura son dos recordatorios del estatuto problemático del hombre y su naturaleza. Parecen construcciones no naturales, lo cual no es posible. Lo que más me conmueve de la naturaleza es su silencio y su sobreabundancia indiferentes. Parece obligarnos a la construcción estética de un sentido. Este sentido es una necesidad natural.

Suele ser un proceso intuitivo. El autor es el primer lector. Mi escritura no puede ser planificada. No sé escribir según los parámetros de Poe o de Gil de Biedma, autores admirables que afirmaban saber del poema muchísimo antes de sentarse a escribirlo. Soy incapaz. En general, me dejo llevar por la música de las palabras. Y voy desarrollando las voces.

¿Cuál es tu proceso de escritura para un poema? ¿Escribes de manera espontánea o revisas y editas mucho?

Suelo corregir muy poco. Si durante el proceso de escritura no logro que suene, entonces abandono ese camino. Lo que sí suelo trabajar mucho es la disposición final del libro. Ahí vienen las dudas y las peleas. Como no tengo una idea arquitectural del libro, mi ideal sería un solo libro largo de la vida de un escritor, sin cortes en entidades autónomas. Un libro largo, como una Miscelánea petrarquista en la que se van adjuntando materiales que comparten un aire de familia, pero que no obedecen a nada más que al impulso del momento.

¿Qué papel juega la revisión y edición en tu proceso de escritura?

Como digo, apenas corrijo. Lo más costoso es la disposición final de los poemas en un libro. No suelo estar a gusto con el resultado y preferiría yuxtaponer los poemas  por orden cronológico de escritura.

¿Cómo eliges las imágenes y símbolos que utilizas en tus poemas? ¿Tienen algún significado particular?

No sé si seré pobre de imágenes. Me gustan las que tienen que ver con el canto, con el vuelo, con el silencio.
Los significados van siempre bajo la cadena material de los significantes. Dependen del contexto. Y de la importancia musical de cada momento.

¿Hay algún símbolo o imagen recurrente en tu obra que tenga un significado especial?

Los Nuevos. Son un trasunto de mi experiencia de padre. Creo que esa expresión, los Nuevos, es un concentrado de todo lo que escribo.

¿Cómo reflejas tus emociones y experiencias personales en tus poemas?
¿Es un proceso terapéutico para ti?

No me gusta el sentimentalismo y no me sale exponer mi mundo afectivo. En todo caso, como es imposible que los afectos no nos desborden, procuro enfriarlos si de suyo aparecen.
Por otra parte, en la medida en que me encuentro mejor si he escrito que cuando llevo mucho tiempo sin escribir, sí, es un proceso en algún sentido terapéutico. Desconozco el sentimiento de la escritura como una molestia. Al contrario. Disfruto mucho escribiendo, aunque no creo que exista un vínculo entre la salud y la escritura si entendemos por proceso terapéutico aquel que modifica eficazmente un estado disfuncional en otro, por así decir, saludable.

¿Cómo manejas la vulnerabilidad y la intimidad en tus poemas?

Repito que apenas me expongo. Ahora bien, todos somos vulnerables y el tono poético suele asociarse con lo interior y lo íntimo. Pero procuro que esos afectos sean universales o, por lo menos, generalizables. Por ejemplo, suele aparecer la expresión “mi muerto” o “tu muerto” o “el muerto mío”… no hablo de mi experiencia concreta de la finitud, sino de la general y común.

¿Quiénes son tus poetas favoritos? ¿Cómo te han influido en tu propia escritura?

Desde Homero hasta Leopoldo María Panero, la lista es enorme. Pero, por simplificar: Juan Ramón Jiménez, Juan de la Cruz, José Ángel Valente, en nuestro idioma. Pero también Montale, Celan, Rilke…
Mi deuda con JRJ es impagable. No dejo de aprender. Aunque a mi juicio el poeta mayor de la literatura en español sea Juan de la Cruz, JRJ es el poeta verdadero. Allí donde Juan de la Cruz instrumentalizaba el petrarquismo y hacía de la poesía un medio, allí JRJ hace de la poesía el fin verdadero, la síntesis de lo decible, lo indecible, lo no dicho y lo por decir, o si se quiere, de lo nombrado, lo innombrado, lo nombrable y lo innombrable.

¿Qué tipo de lector te gustaría atraer con tu poesía? ¿Qué crees que pueden esperar de tus poemas?

Si lo que escribo atrae, da igual qué tipo de lector sea. Será un amigo.
Como yo de lo que escribo sólo espero una cosa, que es escribir, no sé qué puede esperar el lector. Ahora bien, me gustaría que el lector se reconociera y, en un ejercicio de vanidad absoluta por mi parte, me emocionaría que algún verso mío o algún giro poético se incorporase al idioma corriente. Se perdería entonces la memoria de su origen, pero habría contribuido a la forja del lenguaje común.

¿Qué crees que la poesía puede decir sobre la condición humana? ¿Qué temas o emociones son universales?

La poesía es un resultado de la condición humana. Como lo es la ciencia o la técnica. Pero la inocencia de la poesía es aquí su nota distintiva. La ciencia y la técnica nacen neutras pero inmediatamente se instrumentalizan. La poesía ha logrado un estatus de inocencia que no siempre tuvo. La poesía asociada al culto, la laudatoria y la de maldizer no eran inocentes. Pero la vena de inocencia en la poesía está ahí desde los anónimos de la lírica popular hasta hoy.
Creo que sólo hay cuatro temas en literatura: el amor, la vida, la muerte y la literatura misma. Tratando de ellos, si el lector logra reconocerse, entonces es que ahí hay un universal.

¿Cómo ves el futuro de la poesía; qué cambios o tendencias crees que veremos en el género?

Yo confío en que la marejada de prosaísmo autocentrado de ingenio fácil vaya cediendo a una palabra más sustantiva, a un acento más verdadero. Pero no creo que los tiempos cambien mucho esta situación. El gran prestigio de la literatura nace de libros que casi nadie lee pero que se siguen leyendo cuando los que se leían masivamente dejan paso a nuevas formas de la impostura, del halago ególatra o de la mera estupidez posturera de comprar libros a sabiendas de que jamás serán leídos. Estas dos manifestaciones del género (la auténtica marginal, la postiza triunfante) convivirán mientras siga habiendo lectores.

Un grito visceral y conmovedor que resuena en el alma. La obra de Serafín Martín Vidriales es un llamado a la reflexión y a la acción, una crítica apasionada a las injusticias de nuestro tiempo. Pero también es un canto al amor, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, la esperanza y la pasión pueden ser un faro que nos guíe. Fondo de plato con diálogo en dos cuadros y telón es una obra que te hará sentir, pensar y reflexionar.

Manuel Jábega es un autor apasionado por la relación entre la matemática y la poesía, un campo que ha explorado con profundidad y creatividad. Su enfoque, para quienes defienden el verso libre, lo convierte en una voz potente y controversial. Con «Versos no libres: la matemática de la poesía», Jábega nos invita a concientizar la estructura, llevándonos a un viaje donde la lógica se entrelaza con la emoción. Su obra no solo es un testimonio de su erudición, sino también una celebración de la belleza que surge cuando la razón y la creatividad se encuentran. Prepárate para dejarte inspirar por su visión y descubrir un mundo donde cada verso es una ecuación matemática.

Cada texto del presente libro colecciona reflexiones que el lector podrá descubrir por sí mismo. Rubén J. Triguero es un poeta que no anda pintando colorines ni paisajes ampulosos. Sabe llamar a las cosas por su nombre y no teme seguir una línea argumental acorde con su discurso. Esto es, sin duda, poesía, lo más difícil de lograr para un autor que se respete. Lo dicho y lo soñado no es más que un recurso para concentrar la vista en un mundo que, a veces, podría ser mejor y, sin querer, va camino de su propia incertidumbre porque, como dice el poeta: «Hay un piano que suena a mitad de alguna parte».

Rubén Jiménez Triguero nació en 1985, y es originario de Los Palacios y Villafranca (Sevilla). Desde 2012 reside en Madrid, donde trabaja como desarrollador de aplicaciones web.
Como autor, además de narrativa y poesía, escribe ensayo, artículo y contenido web.
Es autor del poemario Volver a empezar (Cuadranta, 2023); Coreografía (2023); el libro de relatos Parte del espectáculo (Líbera editorial, 2022) y la colección de cuentos Si sale cara (Boria ediciones, 2018). Ha participado en numerosos recitales y en algunos proyectos poéticos, y colabora, ocasionalmente, con diversas publicaciones digitales con textos sobre arte, cine o literatura.
Paralelamente a la escritura, practica la fotografía. En esta disciplina, en 2021 participó en una exposición fotográfica colectiva en la Plaza Mayor de Gijón y en febrero de 2022 se expuso en Madrid parte del proyecto fotográfico Silencio. También ha realizado colaboraciones fotográficas con revistas digitales.