Manuel Baeza Durán
Madrid comienza a despertar con cadáveres
abandonados entre sus desperdicios. Las víctimas
no son inocentes: corruptos, depredadores y
criminales que creyeron que el poder, el dinero o el
silencio los mantendrían a salvo. El responsable se
hace llamar Ícaro. Antes de actuar, concede a los
culpables una última oportunidad para reparar el
daño causado. Quienes ignoran su advertencia
terminan convertidos en aquello que él considera
que siempre fueron: basura. Mientras una parte del
país exige su captura, otra empieza a verlo como el
héroe que ha tenido el valor de enfrentarse a
quienes la justicia nunca alcanzó. La inspectora
Beatriz Mayorga deberá detenerlo antes de que
ejecute la última fase de su plan. Sin embargo,
cuanto más se acerca a su identidad, más difícil
resulta distinguir al monstruo del hombre, la
justicia de la venganza y la locura de una verdad que
nadie quiere mirar. Porque, cuando una sociedad
abandona a los suyos, hasta los olvidados pueden
decidir que ha llegado el momento de limpiarla.